Hay experiencias que empiezan como un plan diferente y terminan convirtiéndose en esos momentos que uno recuerda con una sonrisa. Así me pasó en Fuego Alto Cocina Relacional, en Medellín, Colombia, donde tuve la oportunidad de aprender a preparar pasta desde cero de la mano de los chefs Antonia y Manuel Dapena
Un plan para salir de la rutina
Desde que llegué, el ambiente me encantó. Era un espacio cálido, relajado y pensado para disfrutar. Incluso había una máquina de fotos para llevarnos un recuerdo de la experiencia y, obviamente, ¡yo no podía dejar pasar la oportunidad de tomarme las mías! 📸✨
La experiencia hacía parte de Cocina con Ron, así que comenzamos con un cóctel que nos puso en modo celebración y nos dio la bienvenida a este plan gastronómico.
Después llegó el momento del unboxing de los detalles que nos habían preparado: un Ron Carta de Oro, un recetario de la clase con las instrucciones, un delantal y una máquina para cortar pasta.
Ahí ya estaba completamente lista para meter las manos en la masa. Literalmente. 🍝
De la harina y el huevo a nuestra propia pasta
Lo primero fue ponernos los delantales y conocer las instrucciones. Sobre la mesa estaban los ingredientes principales: harina y huevo.
Y aunque uno podría pensar que hacer pasta es simplemente mezclar estos ingredientes, rápidamente descubrí que detrás de una buena pasta hay técnica, paciencia y muchos pequeños detalles.
Ahí entraron en escena nuestros grandes guías: Antonia y Manuel.
Y creo que tener buenos maestros hace toda la diferencia cuando estás aprendiendo algo nuevo. Ellos estuvieron pendientes de cada paso, explicándonos cómo trabajar la masa, qué textura debíamos buscar y cómo saber si estábamos haciendo las cosas correctamente.
Eso me permitió disfrutar mucho más la experiencia, porque podía concentrarme en aprender sin sentir que tenía que saberlo todo desde el principio.
Amasar, aprender y disfrutar
Comenzamos a trabajar la masa con nuestras manos. Poco a poco fue cambiando su textura y tomando la consistencia que necesitábamos.
Estábamos todos súper concentrados, atentos a las explicaciones y tratando de seguir cada recomendación. Pero también había espacio para las risas, las conversaciones y esos pequeños momentos que hacen que un plan se sienta realmente especial.
Después llegó uno de mis momentos favoritos: pasar la masa por la máquina para conseguir el grosor adecuado.
Una y otra vez, íbamos pasando la masa, ajustando y observando cómo se iba transformando. Era increíble ver cómo algo que había comenzado como una mezcla de harina y huevo poco a poco se convertía en nuestras propias láminas de pasta.
Y sí, había que estar muy pendientes de los detalles. Pero precisamente eso hizo que nos metiéramos completamente en la experiencia.
Desconectarse para conectar con el presente
Algo que disfruté muchísimo fue que, sin darnos cuenta, terminamos desconectándonos un rato de la cotidianidad.
No estábamos pensando en todo lo que teníamos pendiente ni corriendo de un lado para otro. Estábamos ahí: amasando, aprendiendo, riéndonos y disfrutando de preparar algo desde cero.
Y creo que ahí está una de las cosas bonitas de la cocina: puede convertirse en una forma muy sencilla de volver al presente.
Además, hacer algo con nuestras propias manos tiene un encanto especial. Ver cómo unos ingredientes tan básicos pueden transformarse en una preparación que después llega a nuestra mesa es una experiencia que se disfruta mucho más cuando conoces todo el proceso que hay detrás.
El valor de tener buenos guías
Me quedo especialmente con esto: cuando estamos aprendiendo algo nuevo, tener buenos guías puede cambiar completamente la experiencia.
Antonia y Manuel no solo nos enseñaron una técnica; hicieron que nos sintiéramos cómodos explorando, preguntando, equivocándonos y volviendo a intentar.
Y eso para mí es fundamental. Porque aprender no debería sentirse como una prueba en la que tenemos que hacerlo perfecto, sino como un proceso en el que podemos descubrir, experimentar y disfrutar.
Yo me sentí súper bien durante toda la experiencia. Fue un plan diferente, delicioso y, sobre todo, muy entretenido.
Una experiencia que repetiría
Al final, nuestra pasta estaba lista y llegó ese momento maravilloso en el que puedes ver el resultado de todo lo que hiciste con tus propias manos.
Me fui de Fuego Alto Cocina Relacional con nuevos conocimientos, muchas sonrisas y, por supuesto, con ganas de seguir experimentando en la cocina. 🍝✨
Porque viajar, conocer restaurantes y probar nuevos sabores siempre me encanta, pero también disfruto muchísimo esas experiencias que me permiten aprender algo nuevo y vivirlo desde adentro.
Y esta vez fue así: harina, huevo, pasta, un buen cóctel, grandes guías y un grupo de curiosos dispuestos a dejarse llevar por la magia de la cocina.
Definitivamente, un plan para guardar entre esos buenos recuerdos de Medellín. ✨
📍 Fuego Alto Cocina Relacional
Este lugar está en el Alto de la palmas y ofrece Clases de cocina, experiencias gastronómicas corporativas y privadas y es muy cómodo.
Medellín, Colombia
Esta experiencia hizo parte de Cocina con Ron.



