¡Hello People! Esta vez me fui hasta Orocué, Casanare, un destino que me sorprendió por sus paisajes, sus tradiciones, su gastronomía y esa conexión tan especial con La Vorágine.
Llegar a Orocué fue comenzar a descubrir un territorio lleno de historias. Antes de iniciar nuestro recorrido, hice la parada obligada para tomarme la foto en el letrero con el nombre del municipio y aproveché para explorar sus alrededores.
Y, por supuesto, no podía comenzar esta aventura sin probar algunos de sus sabores tradicionales.
Hayaca y tungo: empezando el viaje con sabor llanero
Me comí una deliciosa hayaca, uno de esos platos que representan la gastronomía de esta región y que se prepara envuelta en hojas de plátano.
También probé el tungo, un envuelto de arroz y cuajada que me encantó descubrir porque detrás de cada preparación hay una parte importante de la tradición gastronómica del territorio.
Para mí, conocer un destino también significa sentarme a probar sus sabores, preguntar cómo se preparan y descubrir esas recetas que cuentan historias.
Una experiencia ancestral: preparar casabe y mañoco
Una de las experiencias que más disfruté en Orocué fue poder conocer de cerca una tradición gastronómica ancestral.
Tuve la oportunidad de preparar casabe y mañoco, conocer el proceso y, literalmente, poner las manos a trabajar.
Más allá de probarlos, vivir el proceso me permitió entender el valor cultural que tienen estos alimentos y cómo las tradiciones se mantienen vivas cuando se comparten y se transmiten de generación en generación.
Fue una experiencia muy manual, gastronómica y, sobre todo, auténtica.
Conociendo los cocodrilos de Orocué
Durante mi recorrido también tuve la oportunidad de ver de cerca los cocodrilos y conocer un poco más de la fauna que hace parte de este territorio.
Me encanta que este tipo de encuentros hagan parte de un viaje, porque permiten salir de lo cotidiano y observar especies que forman parte de los ecosistemas de los Llanos.
Un viaje a través de las letras de La Vorágine
Uno de los lugares que más quería conocer era el Museo La Vorágine.
Estar allí fue como hacer un viaje dentro del viaje. Pude acercarme a la historia de José Eustasio Rivera y a la obra que tiene una conexión tan importante con esta región.
Recorrer este espacio me hizo mirar el paisaje de Orocué de una manera diferente, entendiendo que detrás de estos territorios también existen historias que han quedado plasmadas en la literatura colombiana.
Navegando por el río Meta en busca de toninas
Y si hubo un momento que me emocionó especialmente, fue cuando navegamos por el río Meta en busca de las toninas.
La expectativa de encontrarlas, el paisaje y la inmensidad del río hicieron que el recorrido ya fuera una experiencia en sí misma.
Pero cuando finalmente pudimos verlas, fue de esos momentos en los que simplemente quieres quedarte mirando y disfrutar.
Ver las toninas en su entorno natural fue, sin duda, uno de mis momentos favoritos de este viaje. 🐬
Así viví Orocué
Mi recorrido por Orocué estuvo lleno de contrastes: pasé de probar una hayaca y un tungo, a poner las manos en la preparación del casabe y el mañoco; de conocer los cocodrilos, a viajar a través de las letras de La Vorágine y terminar navegando por el río Meta en busca de toninas.
Y creo que eso es justamente lo bonito de viajar: no solamente llegar a un lugar, sino vivirlo desde diferentes perspectivas.
Orocué me regaló gastronomía, naturaleza, cultura, literatura y experiencias que me llevo conmigo.
Así viví Orocué, Casanare. Y esta es solo una parte de todo lo que tiene el Llano por descubrir. ✨



